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Nadie me dijo que era tan difícil

¡Buenos días familias!

Ya estoy por aquí otra vez, que con tanta fiesta no hemos parado. Hoy me gustaría contaros mi experiencia con la lactancia.

Desde el parto en casa truncado, todo han sido dificultades, y el tema de la lactancia no iba a ser menos. La teoría estaba clara, durante todo el embarazo e incluso antes, me había estado informando, leyendo libros sobre el tema y hablando con mamás que daban el pecho, ¡ todo parecía tan maravilloso ! Sin embargo, en el momento de ponerlo en práctica, nada fue como había imaginado, soy consciente de que, el estado en el que me encontraba no fue beneficioso para establecer una buena lactancia, estaba sin fuerzas y un poco “ida” por la anemia severa que arrastraba, la administración de medicamentos durante el tiempo que estuvimos en el hospital, tampoco ayudó. La primera consecuencia de todo esto fueron las grietas,.

El primer día que llegamos a casa fue horrible, Martín tenía hambre y estuvo toda la noche llorando, a mi me dolían tanto los pechos que no podía darle todo lo que necesitaba y las veces que lo ponía, lo hacía llorando de dolor. La desesperación, unida al cansancio y  a la inexperiencia, hicieron que a las 6 de la mañana pidiera a mi chico fuera a una farmacia de guardia y comprara leche de fórmula y un biberón, cuando se lo dimos, se me rompió el alma, ¡otra cosa no, no podía salir también mal! Martín se lo tomó y se quedó tranquilo, sin embargo, yo no podía parar de llorar, no quería darle biberón, tenía claro que quería darle el pecho y no me podía creer que no lo pudiera hacer. Al día siguiente vimos la luz gracias a Jessica, monitora de la liga de la leche y asesora de lactancia, me enseñó distintas posiciones, me dio alternativas… pero lo que más me ayudó fue que no me juzgó, me dijo que todo lo que hiciera estaría bien, que si  tenía que saltarme tomas y darle leche de fórmula, que no pasaba absolutamente nada, que esto pasaría y que si de verdad quería darle el pecho, lo conseguiría.

Las semanas fueron pasando, y entre el sacaleches, dos o tres biberones más, otras dos crisis existenciales, purelan, pezoneras y mucha fuerza de voluntad, las grietas se curaron, pero el dolor no cesaba, sentía pinchazos que iban desde el pecho hasta la espalda y duraban todo el día. En la revisión post parto del mes, me hicieron un cultivo de leche y mis sospechas se cumplieron, tenía mastitis ¡era frustrante! pero por lo menos ya sabía lo que pasaba, así que me recetaron antibióticos y estuve tomándolos durante 15 días.

Después de casi mes y medio, hicimos la primera toma sin sentir dolor, quería llorar,¡ pero esta vez de alegría ! Hace un par de semanas, tuve un amago de recaída, pero con los probióticos que me recomendó mi matrona,no fue a más.

Hoy, casi 4 meses después, somos unos expertos “tetiles”, aunque sigo tomando probióticos por precaución, ya que cuando no lo hago, siento molestias. Hay mujeres mas propensas que otras a desarrollar mastitis y yo, por lo visto, soy una de ellas. Pero no me importa, el esfuerzo ha merecido la pena. Pero…¡Nadie me dijo que era tan difícil!

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